Desarrollo de habilidades de IA en equipos de RRHH: un plan de acción paso a paso
Desarrollo de habilidades de IA en equipos de rrhh: un plan de acción La IA ya no es música del futu...
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El llamado al trabajo basado en datos resuena ya en cada sala de juntas. Sin embargo, la práctica a menudo queda rezagada respecto a la ambición. Los empleados toman decisiones basándose en la intuición, los managers solicitan informes que nadie utiliza realmente, y las costosas herramientas de analytics permanecen en gran medida sin aprovechar. El problema rara vez está en la tecnología. Está en las personas. Un programa de formación basado en datos no es un proyecto de TI, sino un cambio cultural. Se trata de que las personas aprendan a cuestionar los datos en lugar de aceptarlos, a ver patrones en lugar de recopilar anécdotas, y a fundamentar decisiones con hechos en lugar de opiniones. Para los profesionales de RR.HH. esto significa una oportunidad única de añadir valor estratégico, no solo facilitando el programa, sino anclando el desarrollo de la alfabetización de datos en toda la organización.
Todos conocemos a ese manager que cuenta con orgullo que decide «por instinto». Treinta años de experiencia, dice, eso no se aprende en una hoja de cálculo. Y en parte tiene razón. La experiencia es valiosa. Pero la experiencia sin datos es anecdótica, y las anécdotas no escalan. En una organización de cincuenta personas quizás aún puedas dirigir por instinto. Conoces a todos, ves lo que ocurre, sientes el ambiente. Pero en cuanto creces a cien, doscientas, quinientas personas, esa visión general desaparece. Entonces no tienes elección. Entonces debes medir para saber. Lo peligroso es que muchas organizaciones piensan que ya trabajan basándose en datos porque tienen dashboards. Recopilan datos, elaboran informes, discuten cifras en reuniones. Pero recopilar no es lo mismo que comprender, e informar no es lo mismo que decidir. La verdadera alfabetización de datos significa que sabes qué preguntas hacer, qué datos responden a ellas, y cómo traducir esos insights en acción.
Un programa de formación efectivo se construye sobre cuatro habilidades fundamentales que juntas forman la alfabetización de datos. Estos pilares no son competencias aisladas, sino una forma coherente de pensar y trabajar. El primer pilar es leer datos. Esto suena más simple de lo que es. No se trata solo de poder leer un gráfico o tabla, sino de comprender qué significan realmente las cifras. ¿Qué dice realmente una puntuación de engagement de 7,2? ¿Es alta o baja? ¿En comparación con qué? ¿Y qué ocurre si desglosas esa puntuación por equipo, departamento o nivel funcional? Los empleados deben aprender a mirar los datos críticamente, a buscar contexto, y a hacer las comparaciones correctas. El segundo pilar es analizar datos. Aquí el enfoque cambia de consumir a investigar. ¿Qué patrones ves? ¿Dónde están los valores atípicos? ¿Cuáles son las posibles explicaciones para las tendencias? Esto requiere una combinación de pensamiento analítico y curiosidad. También significa que las personas deben aprender a distinguir entre correlación y causalidad, una distinción que en la práctica a menudo desaparece tan pronto como las cifras parecen contar una historia que queremos escuchar. El tercer pilar es comunicar datos. El mejor análisis no vale nada si no puedes explicarlo a tus colegas o superior. Los empleados deben aprender a traducir insights en historias claras, a elegir visualizaciones que refuercen su mensaje en lugar de confundirlo, y a mantener la matización sin caer en la jerga. El cuarto pilar es aplicar datos. Al final se trata de decisiones. ¿Qué acción se deriva de estos insights? ¿Cómo pruebas si esa acción funciona? ¿Cuándo ajustas? Este pilar conecta los datos con la estrategia y marca la diferencia entre información interesante e impacto tangible.
La mayoría de las organizaciones están familiarizadas con el ciclo PDCA: Plan, Do, Check, Act (Planificar, Hacer, Verificar, Actuar). Es un marco probado para la mejora continua. Pero en el contexto de un programa de formación basado en datos, este ciclo adquiere una aplicación específica que va más allá de la optimización de procesos. En la fase Plan, los equipos aprenden a formular preguntas de datos precisas. No «¿Cómo va nuestro equipo?» sino «¿Qué factores predicen el absentismo en nuestro equipo y cómo podemos influir en ellos?» Esto requiere práctica. La tendencia es empezar de forma amplia, cuando precisamente las preguntas específicas conducen a respuestas útiles. Un buen programa de formación dedica tiempo generoso a esto, con ejemplos concretos de la propia organización. En la fase Do se trata de la recopilación y análisis de datos. Aquí aparece el componente técnico, pero también aquí se aplica: las herramientas son medio, no fin. Los empleados deben aprender qué fuentes de datos están disponibles, cuán fiables son, y cómo combinar diferentes fuentes. En muchas organizaciones esto resulta ser un desafío sorprendentemente grande, porque los datos están dispersos en sistemas que no se comunican entre sí. La fase Check es donde muchas organizaciones tropiezan. Analizar datos es una cosa, pero discutir ese análisis con tu equipo y mirar honestamente lo que dicen las cifras, es otra. Aquí la seguridad psicológica juega un papel crucial. Si las personas no se sienten seguras para señalar verdades incómodas, los insights permanecen sin aprovechar. Un programa de formación debe por tanto prestar atención también a la cultura en la que se discuten los datos. En la fase Act, las decisiones y experimentos se unen. ¿Qué vas a hacer diferente basándote en lo que ahora sabes? ¿Cómo mides si ese cambio tiene efecto? ¿Y qué haces si los resultados decepcionan? Esta fase requiere valentía y una mentalidad experimental, cualidades que puedes desarrollar pero que también necesitan apoyo organizacional.
Un programa de formación basado en datos efectivo combina teoría con práctica, y principios generales con casos específicos de la organización. Los programas más exitosos trabajan con grupos mixtos en los que tomadores de decisiones y analistas de datos aprenden juntos. Esto previene la brecha clásica entre «las personas que generan las cifras» y «las personas que deben trabajar con ellas». Comienza con una sesión de inspiración que aclare el porqué. Muestra lo que aporta el trabajo basado en datos, no en términos abstractos sino con ejemplos concretos de organizaciones similares. ¿Qué decisiones se tomaron de manera diferente? ¿Cuál fue el efecto? Esta sesión crea el impulso y el compromiso necesarios para el resto del trayecto. Construye luego módulos que desarrollen sistemáticamente los cuatro pilares de la alfabetización de datos. Asegúrate de que cada módulo contenga una mezcla de conceptos, ejercicios y aplicaciones a cuestiones propias. Los participantes no deben solo aprender cómo funciona un análisis de regresión, sino también cuándo lo usarías o no para una cuestión de RR.HH. en su propio contexto. Integra casos prácticos que sean reconocibles. Si trabajas en employee engagement, usa datos de engagement de la propia organización. Si te enfocas en retention, analiza las cifras reales de salida. Esta relevancia marca la diferencia entre una formación que las personas encuentran interesante y un programa que cambia su trabajo diario. Proporciona acompañamiento entre sesiones. La alfabetización de datos no se desarrolla en una formación de dos días, sino mediante la aplicación repetida en la práctica. Ofrece coaching, crea espacio para preguntas, y genera una comunidad donde los participantes puedan compartir experiencias y desafíos. Esto refuerza la curva de aprendizaje y previene que las personas vuelvan a patrones antiguos.
El trabajo real comienza después del programa de formación. El conocimiento y las habilidades se han desarrollado entonces, pero la aplicación en la práctica diaria aún debe anclarse. Este es el momento en que muchas organizaciones pierden el rumbo. Asegúrate de que los participantes aborden proyectos concretos en los que apliquen sus nuevas habilidades. No como ejercicio, sino como desafíos empresariales reales. Dales el espacio y los recursos para ejecutar esos proyectos, y haz visibles los resultados en la organización. Nada motiva más que los éxitos tempranos que inspiran a otros. Construye estructuras que apoyen el trabajo basado en datos. Esto significa no solo herramientas y sistemas, sino también estructuras de reunión en las que los datos jueguen un papel natural. Si quieres que los equipos usen datos en su toma de decisiones, asegúrate de que las agendas de reuniones hagan espacio para el análisis de datos y que los procesos de toma de decisiones pidan explícitamente fundamentación. Desarrolla una comunidad de aprendizaje donde las personas que quieren trabajar basándose en datos puedan encontrarse y reforzarse mutuamente. Esto puede ser formal, como una red con encuentros regulares, o informal como una plataforma donde las personas hagan preguntas y compartan conocimiento. El objetivo es que la alfabetización de datos no degenere en una competencia individual, sino que crezca hasta convertirse en una cultura organizacional.
Para RR.HH. aquí hay una oportunidad estratégica. Desarrollar e implementar un programa de formación basado en datos posiciona a RR.HH. no como función administrativa, sino como socio estratégico que ayuda a la organización a mejorar en lo que hace. Empieza dando el buen ejemplo. Usa datos en tus propios procesos y decisiones. Muestra cómo analizas datos de reclutamiento para tomar mejores decisiones de contratación, cómo usas cifras de engagement para diseñar intervenciones específicas, o cómo empleas datos de desarrollo para hacer mejor match entre talento y oportunidades. Si RR.HH. mismo no trabaja basándose en datos, es difícil mover al resto de la organización a hacerlo. Haz de la alfabetización de datos parte de tu estrategia de desarrollo de talento. No como algo deseable, sino como competencia clave para el futuro. Inclúyelo en perfiles de puesto, en conversaciones de desarrollo, en trayectorias profesionales. Señala y recompensa a empleados que usen datos efectivamente. Esto refuerza el mensaje de que la organización se toma esto en serio. Asóciate con el negocio para comprender qué preguntas de datos existen y qué decisiones podrían mejorar con mejores insights de datos. Esta articulación de la demanda es crucial. Un programa de formación que conecte con necesidades empresariales reales obtiene compromiso y presupuesto. Un programa que se percibe como una iniciativa de RR.HH. sin vínculo claro con resultados empresariales, no lo obtiene.
La paradoja de un programa de formación basado en datos es que también debes poder medir su efecto. De lo contrario, tú mismo no estás trabajando basándote en datos. Pero ¿cómo mides algo tan abstracto como la alfabetización de datos? Comienza con objetivos claros. ¿Qué debe ser diferente después de seis meses? Quizás quieres que el ochenta por ciento de los managers pueda fundamentar sus decisiones con datos. O que el número de solicitudes de informes ad-hoc disminuya porque los equipos pueden hacer análisis ellos mismos. O que el time-to-insight para preguntas estratégicas se reduzca a la mitad. Haz estos objetivos específicos y medibles. Mide en diferentes niveles. Observa conocimiento y habilidades mediante evaluaciones antes y después del programa. Observa comportamiento mediante observaciones de cómo se usan los datos en reuniones y toma de decisiones. Observa resultados mediante la calidad de los análisis y el impacto de las decisiones basadas en datos en los resultados empresariales. Recopila historias además de cifras. Los datos cuantitativos te dicen si el programa funciona, pero las historias cualitativas te dicen por qué y cómo. ¿Qué avances han logrado los equipos? ¿Qué decisiones se tomaron de manera diferente? ¿Qué obstáculos encontraron y cómo los resolvieron? Estas historias valen oro, tanto para ajustar el programa como para inspirar a otros.
Desarrollar un programa de formación basado en datos comienza con una mirada honesta al espejo. ¿Dónde está tu organización ahora? ¿Cuántas decisiones se fundamentan realmente con datos? ¿Qué habilidades faltan? ¿Dónde están las mayores oportunidades de mejora? Empieza pequeño pero estratégico. Elige un grupo piloto que sea lo suficientemente influyente para generar impacto, pero lo suficientemente pequeño para acompañar intensivamente. Aprende de ese piloto, refina tu enfoque, y luego escala. Desarrollar alfabetización de datos en una organización no es un big bang, sino un proceso de crecimiento que requiere tiempo y atención. Invierte en la mezcla correcta de contenido, acompañamiento e infraestructura. Un buen programa necesita los tres. La mejor formación del mundo logra poco si las personas luego regresan a sistemas que bloquean el trabajo basado en datos en lugar de facilitarlo. Y los mejores sistemas del mundo no compensan la falta de conocimiento y habilidades. Las organizaciones que hacen esto bien crean una ventaja competitiva difícil de copiar. No porque las herramientas sean tan únicas, sino porque la cultura y las personas trabajan de manera tan diferente. Ahí es donde comienza la verdadera transformación.
Acerca del autor
Leon Salm
Leon es un escritor apasionado y fundador de Deepler. Con una visión clara del sistema y una pasión por el software, ayuda a sus clientes, socios y organizaciones a progresar.
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